Defender nuestro maíz no es “romanticismo”; es defender la biodiversidad y la vida. ¡FUERA TRANSGÉNICOS!

Cristina Barros y Marco Buenrostro / La Jornada

En febrero, desde Estados Unidos se convocó por Twitter una marcha contra Monsanto. Se realizó el 25 de mayo en más de 50 países y 400 ciudades. Participaron más de 2 millones de personas.

Hay muchas razones para protestar contra esa transnacional. Pretende adueñarse de las semillas del mundo, patentarlas y luego tener a la humanidad de rodillas imponiéndole sus paquetes de semillas y agrovenenos. Si bien las empresas multinacionales son de suyo voraces, sorprende la perversidad de un propósito semejante.

Más sorprende que la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), no haya detenido ya esas ambiciones. Y también que haya tantos gobiernos corruptos en el mundo dispuestos a dejarse comprar por las empresas, aunque lleven a sus pueblos a una dependencia que provoque hambre y miseria.

La científica Vandana Shiva ha difundido que, en India, Monsanto vendió semillas inadecuadas con falsas promesas; miles de agricultores cayeron en la pobreza y al menos 200 mil se suicidaron. Se ha comprobado además que los alimentos transgénicos provocan daños a la salud.

El poder de esa empresa se evidencia en la aprobación en el Senado de Estados Unidos, de la “Acta de protección a Monsanto”, que impide a los tribunales federales suspender o prohibir la siembra y venta de cultivos transgénicos, aunque se reconozca que son dañinos para la salud humana o el ambiente. Cientos de miles de estadunidenses rechazaron la ley, pero se impuso.

Es evidente la presión de todo tipo sobre el gobierno de México para que se abran las puertas a las siembras comerciales de maíz transgénico, sin que haya una sola razón para poner en riesgo a los maíces mexicanos, que por milenios han probado su eficiencia.

Por eso aquí tuvo amplia resonancia la convocatoria; en varias ciudades se organizó el #CarnavaldeMaíz#FueraMonsanto. Muy importante fue la presencia de cientos de jóvenes organizados que contagiaban su entusiasmo. Crearon máscaras en forma de mazorca, se vistieron con hojas de maíz, hicieron música, bailaron y diseñaron mantas creativas.

Con ellos decimos a gobierno y pueblo de México: “Sólo los tontos se niegan a ver que los grandes monopolios nos esclavizan”, “Soy mujer de maíz, fuera Monsanto”, “El maíz, herencia de nuestros abuelos, nuestra carne, nuestro alimento. Nuestros abuelos nos han heredado semillas, nosotros luchamos para conservarlas”, “Monsanto es racismo, es genocidio, control y sumisión del pueblo”.

Defender nuestro maíz no es romanticismo; es defender la biodiversidad y la vida.

 

Fuente: La Jornada

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